Torteyando

Publicado por Karla Torteya en REFLEXIONES el 20 de agosto, 2015.

El movimiento y Yo

El movimiento siempre ha estado presente a lo largo de mi vida, siempre fue un aliado en mis momentos tristes o de soledad que viví en la infancia, o también me ayudaba por medio del deporte a sacar mis enojos y frustraciones que experimente en mi adolescencia, aunque en todo momento el moverme era mi “escape” de lo que sentía, nunca llegaba a ser suficiente para sentirme en equilibrio o en paz. Igual me pasó con las diversas terapias psicológicas que experimenté, como alumna de psicología, tenía que llevar terapia, todos los psicólogos la debemos de llevar pues es parte del balance de un terapeuta, y aunque me gustó mucho y analicé, profundicé mucho sobre mi pasado y lo que pudieron ser los detonantes de mi estado emocional actual, sentía que algo más faltaba para hacer “ese click” que todos ansiamos para hacer un cambio real en nuestras vidas. ¿Por qué podemos seguir “escapándonos” en diversas formas, pero nunca concientizando en todo nuestro ser? esto es , de una forma integral, uniendo tu mente, tus emociones , tu cuerpo, tu sexualidad, tu espíritu.

Inició en mí una búsqueda de querer sentir ese estado de plenitud y viveza, que cuando era pequeña, al danzar lo llegue a sentir. En un clase de ballet nos pidieron hacer "un “solo”, esto es , una pequeña coreografía espontánea a cada niña. Cuando me tocó a mí , empecé a bailar y a sentir y dejar entrar en mi cuerpo la música , y como se llenaba de ritmo cada una de las partes de mi cuerpo y se manifestaba en una danza totalmente espontánea que llenaba todo mi ser y sentí como en un momento era yo la música y era yo el movimiento. Sentí un éxtasis en todo mi cuerpo, sentí que era UNA. Esa sensación fue tan fuerte que mis maestras me gritaban ¡ya para!, ¡ya se acabó, para! y yo no podía parar, estaba tan adentro y a la vez tan integrada, que sentí una sacudida y fue cuando desperté de esa sensación y fue realmente una sacudida ya que una de las maestras me tuvo que detener y tomar del brazo para que dejara de danzar.

Y es así, literalmente, como uno deja de sentirse en ese estado unitario, cuando por esas sacudidas de la vida, vamos quitando ese sentir de vida por situaciones que se nos presentan en este maravilloso sendero de la vida, poco a poco dejamos de sentir para no sentir dolor, tristeza, miedo, descontrol, traiciones, enojos, humillaciones, hipocresías, optamos por dejar de sentir porque pensamos que tal vez así podamos olvidar ciertas heridas del alma o cosas que vivimos en el pasado que como sombra nos persiguen y preferimos olvidar, aunque siguen ahí latentes en nuestro cuerpo, en nuestra conducta, en hasta como nos paramos, en como hablamos, en todo lo que somos. Para mí , fue una gran bendición encontrar caminos que me llevaron a mi autoconocimiento, que incluyeron un viaje desde mi cuerpo, conocerlo, saber por qué me dolía cierta parte o padecía seguido de la misma enfermedad. También el porqué tenía de cierta forma mi estructura del cuerpo, porqué tenía más fuerza en algunos músculos y otros estaban más débiles y como todo coincidía con mi historia de vida, ¡parecía magia! pero todas y cada una de las partes de mi cuerpo eran el resultado de un pasaje de mi vida ¡hasta mi cabello! La terapia corporal es un excelente camino hacia la integración de nuestro ser ya que trabaja el todo, pensamiento, emoción, físico, sexualidad, espiritualidad, siempre en la magia que ofrece el movimiento.

Un abrazo danzarín

Karla Torteya