Torteyando

Publicado por Karla Torteya en REFLEXIONES el 8 de enero, 2016.

El ataque de los zombis vivientes

El ataque de los zombis  vivientes

Tanto en mi historia de vida como en mi práctica terapéutica he notado cómo ciertos pensamientos o esquemas de pensamientos (formas de pensar dictadas por la cultura, sociedad, religión, familia, nación, etc.) son los que nos activan nuestros trajes de zombis, manteniéndonos cautivos y esclavizados en conductas que nos llevan a la autodestrucción.

En todos nosotros existe un miedo a no ser amados, y este miedo tiene su raíz principalmente en nuestra crianza. Muchos padres tienden a condicionar el amor (si sacas buenas calificaciones recibes un premio; si no haces lo que tus padres quieren te retiran las muestras de afecto, etc.) y esto causa que perdamos el placer de vivir con tal de complacer a los demás. Las personas reaccionan a este tipo de crianza de dos posibles maneras: algunos quieren ser los hijos perfectos, aunque esto implique doblegar su espíritu y someterse por completo a los deseos de sus padres; otros se rebelan al grado de convertirse en lo opuesto que sus padres esperan de ellos, quizás porque se dieron cuenta que al portarse mal sus padres les ponen más atención.

Tanto el hijo rebelde como el hijo perfecto renuncian a vivir su libertad, el placer de ser quienes son en realidad. Permanecen enmascarados con tal de seguir con esta farsa de amor. En estos casos es donde yo propongo la palabra zombi o zom-bre para describir a estas personas. La Real Academia de la Lengua Española define a un zombi como a un “muerto que ha sido revivido mediante un rito mágico y que carece de voluntad propia. Atontado, que se comporta como un autómata”.

Un zombi entonces sería una persona cuyas emociones están mecanizadas, porque sus emociones serían aquellas que les programó la sociedad, la familia, los padres. El peligro de vivir así es que se pierde la esencia, el placer de vivir. Para los zombis, las demostraciones de afecto que reciben a cambio de su comportamiento es lo que alimenta su ser. Piensan que el amor es una transacción: cambian su placer, sus ilusiones y sus deseos por amor, consuelo, atención, compañía.

¿Cómo quitarnos ese traje que nos limita nuestro ser?

Sintiéndonos, y tomar de guía hacia nuestra libertad por medio de nuestro cuerpo,ese gran maestro que, por medio de los instintos, nos lleva a la libertad verdadera y nos enseña a dejar de estar enfrascados en la mente , en los pensamientos y encontrarnos con la verdadera vida.

¿Te interesa llegar a transformarte por medio de los sentidos y así llegar a tu alma?

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¡Pronto talleres y conferencias!

Saludos danzarines,

Karla Torteya