Torteyando

Publicado por Karla Torteya en REFLEXIONES el 26 de marzo, 2016.

Cuando el pensamiento te ahoga

Cuando el pensamiento te ahoga

Muchas veces me he sentido ahogada por mi familia; primero por mis padres, abuelos, tíos, tías, maestros,etc. ¿Ellos querían ahogarme o yo me quería ahogar? O tal vez dejaba que ciertas situaciones me llegaran hasta el cuello y por eso me sentía así.

Luego ese ahogo pasó a todas las situaciones de mi vida, hay ciertas personas, situaciones o cosas que me ahogan que siento que me quitan espacio y luego siento desesperación y desesperanza, ¿o quizá yo me quito mi espacio y luego le echo la culpa a los demás? Y este ahogo también se relaciona con este poder de la palabra, de decir lo que uno siente y piensa, de estar en uno mismo.

Y es que el árbol genealógico es un sin fin de creencias que pueden quitarte el aliento si pretendes quedar bien con la tribu para sentirte parte de él y que te cuiden o te vean, en pocas palabras, para ser amado; y creo que eso pasaba conmigo, de alguna forma sentía un gran peso (por mi historia de vida) que me obligaba a dejar de ser lo que soy, y esa es la razón de mi ahogo. ¿Qué hacer ante esto? me pregunté, está la opción de irte de ahí y empezar en un nuevo territorio tu "árbol de vida" pero me pongo a pensar, si ya tengo mi territorio "nuevo" me extendería tanto (por mi sentido de "ahogamiento”) que a lo mejor acabaría ahogando a mis siguientes generaciones por ese deseo de expansión y es que si se va uno de sus raíces enojado, frustrado, decepcionado, angustiado, traicionado o no amando, esas son las emociones que también estarás sembrando en ese nuevo territorio, el inconsciente siempre se las arregla para salirse con la suya, y estará escondido tras conductas que parecerían buenas pero traen toxicidad, porque no hay una consciencia total, así que pensé en otra opción, tal vez si honro y entiendo que ellos estuvieron antes que yo, y que de alguna forma me ayudaron a crecer y nutrirme, y que gracias a sus cuidados y muestras de afecto pude ser lo que soy ahora, al darme cuenta de la sombra de estas conductas y de la parte de vida que también había en todo lo que he experimentado, entendí que la opción última era la solución, al tomarla como camino, me hizo sentir ligera en mi cuerpo, sobretodo en mi pecho y en mi cuello, por lo que percibí que en ese momento me había quitado ese lazo que lo entendía mi cuerpo como sentirme ahogada, y pensé: es cuando eres un niño pequeño y te dirigen a donde ir y a dónde no porque es peligroso o te puedes hacer daño, no vas a dejar que un bebe gatee por un techo de una casa, o que un niño de 3 o 4 años camine descalzo en un terreno lleno de vidrios, creo que, eso representaba ese lazo, pero ahora como adulta tomo este rito de paso hacia mi verdadera transformación, la fórmula es sencilla: agradecer, agradecer y agradecer y después, con mucho amor y cariño, quitarme ese lazo, enterrarlo simbólicamente para que se trasforme en vida y dejar que esta luz (de este lazo ahora convertido en sabiduría) me guíe hacia el territorio que me permitirá crecer en las virtudes del arraigo y vivir a La Madre Tierra.

Y después ¿qué sigue Karla? Bailar, bailar y bailar.

¡Feliz fin de semana!

Saludos danzarines,

Karla Torteya